Tarta sin azúcar con crema de almendras y fresas

Tarta sin azúcar con crema de almendras y fresas

Muchas veces se me ha ocurrido deciros cuánto ha cambiado positivamente mi vida el blog, aunque de forma lenta e imperceptible me ha hecho una persona más segura, más imaginativa, más apasionada, con más satisfacciones y, por tanto, más feliz. Le debo mucho a este pequeño espacio virtual que veía crecer día tras día, donde pasaba horas escribiendo posts, discutiendo con HTML, soñando con gráficos que me representaran, leyendo comentarios.

Me doy cuenta de que tal vez debería agradecerme un poco a mí mismo, la persona a la que más que a nadie en el mundo no estoy tratando y arrinconando, porque en parte es gracias a ella, es más, a mí, que voy a establecer esto en movimiento, evolución interior, relegando a un rincón esa timidez pesada que he llevado conmigo toda la vida y que nunca me ha permitido hacer mucho. Siempre he tenido miedo a equivocarme, a no estar a la altura de la situación y que otros seguramente lo hubieran hecho mejor.

Con el blog entendí una gran verdad, y es que ciertamente es cierto que hay gente mucho más dotada que yo y que por tanto realiza mejores proyectos que los míos, pero eso no es lo importante. No importa quien tenga el sitio bonito, las recetas más innovadoras, las mejores fotos, solo importa lo que cada uno elija para compartir con los demás, con las personas que pasan por aquí quizás más por casualidad y encuentran la información que buscaban. , un consuelo en pocas palabras que se decidió escribir, la receta que tenían muchas ganas de preparar para esa fecha tan importante.

Me lo tomé despacio, despacio, pero ahora sé: compartir parte de mí, las alegrías, los pensamientos, los estados de ánimo, las decepciones, las recetas, las fotos, la luz que entra por la ventana de mi cocina, los tips hicieron de este blog el mi, que es diferente a todas las demás, pero que me representa, o al menos pone en esa luz a Katy que por años se ha quedado en la esquina, creyendo que no tiene nada que dar a los demás, si no un crisol informa de emociones que no pueden sea ​​que pueda separar uno del otro. Y es precisamente de este compartir de mí mismo que tengo el mayor regalo: aprendí a quererme más, a valorarme y, por último, pero no menos importante, conocí a personas maravillosas que se han dado a conocer a lo largo de este breve pero intenso medio. viaje. A veces solo con el paso fugaz de un comentario, otras con una presencia constante y amorosa, otras aún con correos electrónicos y cartas… personas que en su mayoría ni siquiera he visto, vienen a esta cocina virtual mía y leen, dejan ser barridos de una receta, refinar al escritor.

Así que, más que a mí mismo, en realidad hoy me gustaría agradecerles a ustedes: lectores silenciosos, pero presentes, amigos blogueros que siempre dejan un pasaje, tímidos -como yo- que nunca dejan un comentario por miedo a molestar (que es cierto eh!, tus mesas de fiesta y me dices agradeciendome por facebook, tu que entraste aqui por primera vez y descubres con asombro que cocinaremos algunas cositas de la misma manera, tu que te has registrado en el sitio con el email y recibir una notificación cada nuevo post, sin que falte ni uno… todos los que, por un motivo u otro, habéis pasado por aquí.

Es gracias a ti que Girovegando en la cocina no se ha convertido en un meteoro más en mi vida, una pequeña idea que pudo haber sido buena, pero a la que poco renuncié por resignación. Hoy el blog es parte de mí y pase lo que pase, lo que me hizo ser también este último post (lo que me dio, lo que se convirtió en mí… lo que me diste y me hiciste ser.

Este ínfimo rincón mío en la web es la prueba concreta de que en la base de todo cambio está el compartir, de uno mismo y con los demás. Compartir es sin duda la mayor alegría y la mayor lección que la vida en los últimos dos años y medio me ha dado y sigue atreviéndome. Espero tener siempre la oportunidad de seguir aprendiendo.

Así que celebremos compartiendo una torta que casi cualquiera puede comer: sana, ligera, sin azúcar, con mucha fruta y buena.

Preparado para probar un bizcocho elaborado únicamente con malta, es suave y dulce. Quizás si estás acostumbrado a las tartas con hectogramos de azúcar te resulte un poco delicado, pero si lo haces, puedes aumentar la dosis de malta en 30-40 g tanto para la base como para la nata.

La receta siempre viene de mi último libro comprado, lo que me está dando muchas satisfacciones. Sólo reemplacé las avellanas -según la receta del autor- por almendras, y usé un molde más pequeño, manteniendo las cantidades de los ingredientes. También intenté usar el molde sugerido, pero el pastel resultó ser demasiado bajo para mi gusto. Evidentemente, me sobró un poco de nata, pero no fue problema, porque la puse en vasos deini, espolvoreé con pepitas de chocolate negro y la comí como postre de cuchara.

Ingredientes para un molde para bizcocho de 18 cm (como el mío) o 23 cm (según receta):

360 ml de leche de soja natural

1 cucharadita de vinagre de sidra de manzana

50 gr de harina de almendras

170 gr harina 00

50 gr de harina integral

1 cucharadita rasa de bicarbonato de sodio

1 cucharadita grande de levadura en polvo

30 g de almidón de maíz

una cucharadita de vainilla en polvo

una pizca de venta

10 gr semillas de lino molidas (opcional)

80 ml de aceite de arroz

130 gr de malta de arroz

5 cucharadas de mermelada de fresa

2 cucharadas de agua

Para la crema de almendras (cantidad generosa para el molde de 18 cm):

1,5 litros de leche de soja o avena vainilla

200 gr de malta de arroz

5,5 g de agar agar en polvo (unas 2,5 cucharaditas)

120 gr mantequilla de almendras (100% almendras)

30 g de almidón de maíz

Para garantía:

400 gr de fresas

flores de espino

Procedimiento para la base y montaje de la tarta:

En una jarra, combine la leche de soya y el vinagre, mezcle y deje reposar por 10 minutos hasta que cuaje un poco.

En un tazón grande, tamiza la harina 00, el bicarbonato de sodio, el polvo de hornear y la maicena. Añadimos la harina integral, la vainilla, la sal, la harina de almendras y las semillas de lino. Mezclamos con un batidor.

A la mezcla de leche y vinagre agrega el aceite y la malta de arroz, mezcla bien con un tenedor de estos ingredientes y vierte lentamente los ingredientes líquidos en los secos. Mezclamos con una espátula hasta que se mezcle todo, pero no demasiado tiempo, de lo contrario el bizcocho quedará gomoso.

Vierta la mezcla en una fuente con bisagras cubierta con papel y hornee en un horno precalentado a 180 ° durante unos 30 minutos, verificando la cocción con un palillo clavado en el centro. Sacamos del horno, dejamos enfriar y desmoldamos. Cuando esté completamente frío, corta el bizcocho en horizontal con un cuchillo de sierra. Si la parte de arriba está demasiado hinchada, eliminémosla y nivelémosla.

En un cazo pequeño derretimos la mermelada con agua ya fuego medio llevamos a fuego lento. Repartimos la mezcla obtenida sobre las dos mitades de bizcocho: este paso le dará la humedad adecuada a la base y evitará que la cobertura se filtre en las capas de bizcocho.

Tomemos la misma bandeja con bisagras de la cocina, cubra el fondo y los lados con papel pergamino y coloque la parte inferior del pastel sobre ellos. Sobre esta base untamos la mitad de la dosis de crema de almendras, dejamos reposar 10 minutos, hasta que se forme una película fina, cubrimos con la otra mitad de la tarta. Esperamos minutos, luego vertemos lentamente 2 la crema restante.

Deje que se enfríe a temperatura ambiente, luego póngalo en el refrigerador durante al menos 6 horas, o incluso durante la noche.

Justo antes de servir, abrimos la bisagra del molde, retiramos el papel y decoramos con las fresas cortadas y algunas dejadas enteras. Para cortes perfectos cortamos la tarta con un cuchillo afilado y liso pasado primero por agua caliente.

Se puede conservar en la nevera durante unos 2 días.

Procedimiento para la crema de almendras:

En una taza pequeña, derrita el agar agar con un poco de leche de soya, vierta el resto en una olla grande, agregue la malta y las cucharas de agar disueltas. Mezclamos con unas varillas y llevamos a ebullición a fuego medio, en cuanto empiece a hervir bajamos el antes de que la nata “se vuelva loca”. Mezclamos y cocinamos a fuego lento durante 4-5 minutos.

Mientras tanto, disuelva la maicena en 3 cucharadas de agua fría, hasta que la mezcla esté suave y densa.

Cuando la leche haya hervido durante el tiempo requerido, vierta la mantequilla de almendras y mezcle enérgicamente, luego baje el fuego a bajo y agregue lentamente el almidón disuelto, revolviendo nuevamente. Vuelva a hervir y luego retire del fuego.

Antes de utilizar la nata para la tarta como hemos explicado anteriormente, esperamos a que se enfríe y espese un poco, tardará unos 20-25 minutos, mezclándola de vez en cuando.

Un abrazo, hasta pronto.

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Katiuscia